Los problemas que aquejaron a Chrysler en los años 70 han reaparecido. Como aquella vez se trata de: modelos que no responden a los gustos del público y al encarecimiento de los combustibles,
insuficiente economía de escala y de recursos de ingeniería y crisis de liquidez.
En tal circunstancia Lee Iacocca, presidente de la compañía a partir de 1978, acudió a un mega préstamo del gobierno para evitar la bancarrota y produjo innovaciones en los productos y drásticas reducciones de los costos, lo que permitió el saneamiento de la empresa.
Uno de los factores determinante de la situación es la desventaja que en comparación con Toyota tiene
la firma al valerse de empleados sindicalizados.
Estos inconvenientes impulsan hoy a Daimler a desprenderse de su controlada. El valor actual de Chrysler, estimado en menos de la sexta parte del
valor de 36.000 millones de dólares pagados por la
casa alemana, es un bocado apetecible si se consigue cambiar las condiciones adversas en que ahora se desenvuelve