La protección ambiental tiene su mejor solución en la prevención del riesgo que acrecientan las acciones que destruyen el equilibrio natural.
Pero el impulso de la actividad económica para conseguir progreso rápido impone al hombre una constante actitud imprudente.
Se asume, debido a ello, que los inevitables perjuicios que produce el desarrollo sean cubiertos por los responsables del mismo y para ello parece válido acudir al seguro.
Desde el Estado se obliga, entonces, la cobertura de los eventuales siniestros que ello origina, pero aun la experiencia que se requiere y demanda al menos 10 años de observación, no se ha logrado en la mayoría de los países del mundo siendo todavía demasiado aleatoria la garantía que puede procurarse a través del seguro.