La falta natural de preparación para afrontar un accidente de tránsito provoca errores involuntarios a quien lo sufre. El hecho imprevisto lo sorprende de tal modo que es capaz de paralizarlo y hacerle perder el equilibrio que lo caracteriza en otras circunstancias.
La participación de terceros interesados o no en beneficiarse con la ocurrencia del siniestro puede perjudicar los trámites que ulteriormente deban efectuarse.
Es aconsejable valerse de personas de confianza y no quedarse con la primera opinión que uno pueda recoger acerca del problema.
Una de las acciones que imprescindiblemente se debe ejecutar -que es fácil omitir- es arbitrar los medios para hacer que la aseguradora de la otra parte responsable sea notificada de la ocurrencia del hecho, a efectos de procurar una respuesta económica por el daño sufrido.