La referencia entre las berlinas medias con carácter deportivo se ha renovado con acierto.
Un diseño agraciado(a semejanza de la serie 5) y unos acabados sobrios y a la altura, se conjugan con un chasis dinámico como pocos.
Pero si BMW ha erigido su leyenda gracias a la suavidad y prestaciones de sus propulsores de gasolina, en los últimos años los motores de gasoil bávaros se han sumado a esta leyenda, superándose en cada ocasión.
El último representante de tal estirpe, el dos litros turbodiésel de 163 CV es, sin duda uno de los mejores propulsores del momento.
Muy suave, silencioso y con un rango de utilización admirable entre 1900 y algo más de 4000 rpm, este motor es capaz de mantener además unos consumos comedidos, pese a las ansias dinámicas que asaltan a su agradecido conductor.
En el otro lado de la balanza, el 320i de gasolina es también un prodigio de suavidad y progresividad(herencia obliga) pero es necasario mantener la aguja del cuentarrevoluciones por encima de la 4000 o 4500 vueltas para extraer lo mejor del mismo.
Aún así, no se muestra tan generoso como su equivalente de gasoil que, a ritmos relajados o rápidos, resulta más agradecido y menos exigente para áquel al volante.
El conductor del 320i obtendrá, no obstante, un motor noble, pero puede que eche en falta algo más de garra, a no ser que recurra al cambio con frecuencia y mantenga un régimen elevado que logicamente repercute en el consumo.